¡Llegaron los libros!
Dos cartas mías fueron elegidas para esta antología por Jéssica Boianover, editora de Niña Pez Ediciones
La primera nació en una charla de pasillo con Paola Karina Palacio quien, atenta y generosa, comentó sobre un clima grupal que se había generado en el curso del Profesorado. Juntos ideamos una actividad de revisión de representaciones docentes. "Carta al niño que fui" me permitió refrescar mi historia como aprendiz y compartirla con estudiantes. Cada u
na escribió una carta desde una mirada sensible para expresar las palabras que nos muerden la lengua.
La segunda carta surgió como parte de un duelo, entre la calma y la angustia, que cada tanto me hace volver como extranjero al portal de la infancia. "Carta al abuelo Juan" es un resultado de ese diálogo, mediado por una terapia fugaz y un trabajo estético incesante.
Si te interesan, podés leerlas junto a las de otras 15 personas a través de www.ninapezediciones.com.ar
Taller literario
"El placer rebelde"
Espacio de Literatura
lunes, 2 de marzo de 2026
martes, 27 de enero de 2026
"No reconoce patrón" de Elena Berruti
Me traje de la Feria Fuego de Río Cuarto el ejemplar 50/50 de “No reconoce patrón”. Este cuarto poemario individual de Elena Berruti me remueve lugares afectivos con ella-docente, aunque a ella-poeta y ella-militante la vengo siguiendo por lo menos en redes, cuando no nos volvemos a encontrar en el abrazo.
En el mito personal que me había armado, pasé unos cinco años sin escritura literaria en respuesta a la frase que escuchaba en los primeros años de estudios universitarios: “acá no se enseña a escribir”. Yo la usaba, ahora lo veo claramente, para cumplir un mandato familiar de estudio ideal, cumplidor, abrepuertas. Pero además, la obedecía como si la frase sólo significara que escribir ficción es el fruto de una enseñanza directa, una actividad que se completa de manera solitaria y encendida o una contradicción con el estudio profesional.
En esos años, ella-docente era parte de una imagen de la que no participaba: “las chicas de Letras” o las hijas de no-su-madre-del-todo. El mito de mi fragmentación que hoy no vivo (hombre académico, activista urgente, joven escritor) me obligaba a elegir un sólo foco, cumpliendo las expectativas sociales y familiares.
Aunque alejado de la Uni y más cerca de la escritura con otres, reconozco aquello que Elena hace territorio-escritura-cuerpa-dicente. Como en el poema de la foto, una mirada diferente, sin patrón pero activa, arma otra trama posible de nuestros vínculos y del vínculo con la uni pública: escribir ficción no es tan distinto de hacer escritura lírica, académica o política. Quien “cree que escribe sola” (para alguien, por tanto, para cuándo), mal se lleva con los hilos sensibles que tejen les nadies.
martes, 20 de enero de 2026
Cantata de los libros, en Villa de Merlo
Están las cañas que se elevan y extienden, las que se ven desde el camino como antorchas.
También están las que penetran, beben y sostienen su tiempo breve. Hay cañas que están cayendo, y hay quebradas que separan el aire de las plantas y los pájaros. O hay cañas que sostienen casas y acunan tormentas.
Ninguna es más que otra. Todas son cañas hechas y deshechas en un antiguo cantar del aire entre sus fibras acuosas.
También están las que penetran, beben y sostienen su tiempo breve. Hay cañas que están cayendo, y hay quebradas que separan el aire de las plantas y los pájaros. O hay cañas que sostienen casas y acunan tormentas.
Ninguna es más que otra. Todas son cañas hechas y deshechas en un antiguo cantar del aire entre sus fibras acuosas.
viernes, 12 de diciembre de 2025
"Me llamaron Teresa", de M.T. Andruetto
¡Maravilla!
Hace cuatro años que hacemos un podcast en el Profesorado. El recorrido formativo por la memoria familiar y social de estudiantes es sobre la elección de sus nombres y los sentidos de sus primeras palabras.
Este año, las clases presenciales se diluyeron por feriados y sobrecargas mías. Sólo elegí algunos ejemplos de lo que podría hacerse junto con las preguntas y el esqueleto del guión. También mandé unos audios para complementar la explicación, pero no ayudé en lo técnico y casi no hice juicios valiosos.
¡Maravilla!
Lo que deseaba se escucha entre voces, retórica o murmullo: aparecen algunas madres queriendo elegir el nombre, cantando o retando con nombre, apellido y DNI. A veces no están en el juego diario o en la puerta de la escuela, sino que guardan las últimas palabras para cuando el cuento está acabado. Es verdad, que también aparece la autoridad ilusa del padre en el Registro Civil.
¡Maravilla!
Como tallerista, me pregunto si el rol del coordinador del taller logra sentarse en las sombras o es que lo dado fue suficiente, aunque me pareció mínimo. Ni tanto, ni tan poco. Algo se siembra, un poco se pierde, pero la cosecha puede ser más inesperada de lo que parece.
sábado, 29 de noviembre de 2025
Cuaderno de caligrafía
Yo quería que las letras se acabaran de tanto escribirlas.
“Hola, hola, hola”. Así ponía cada tarde en el cuaderno. La maestra le dijo a mi mamá que las repitiera en el cuaderno especial (hasta el final del renglón, toda la hoja, 400 palabras por hoja).
- Por página será – corrigió la maestra nueva y me regaló hojas en blanco y lapicera azul. Para que me escribas lo que hacés los días que no hay escuela.
Igual, el que primero usó la lapicera fue mi hermano, que perdía una por semana. Con eso, mamá lo retaba a él y se olvidaba un rato de mí.
Me gustaba la maestra nueva. Por eso hice un trato secreto con mi hermano: si cuidaba de no perderla, yo guardaría los cartuchos para que nos sirviera a los dos. De día era un tubo vacío que nadie le robaría. De noche el cartucho la llenaba para que mis hojas brillaran.
Mientras se pudiera escribir, no tendría miedo a que el secreto se acabara con la tinta.
“Hola, hola, hola”. Así ponía cada tarde en el cuaderno. La maestra le dijo a mi mamá que las repitiera en el cuaderno especial (hasta el final del renglón, toda la hoja, 400 palabras por hoja).
- Por página será – corrigió la maestra nueva y me regaló hojas en blanco y lapicera azul. Para que me escribas lo que hacés los días que no hay escuela.
Igual, el que primero usó la lapicera fue mi hermano, que perdía una por semana. Con eso, mamá lo retaba a él y se olvidaba un rato de mí.
Me gustaba la maestra nueva. Por eso hice un trato secreto con mi hermano: si cuidaba de no perderla, yo guardaría los cartuchos para que nos sirviera a los dos. De día era un tubo vacío que nadie le robaría. De noche el cartucho la llenaba para que mis hojas brillaran.
Mientras se pudiera escribir, no tendría miedo a que el secreto se acabara con la tinta.
jueves, 23 de octubre de 2025
Sobreimpreso
Lo primero que dijo fue: no vienen de a uno no. Entonces, empezó a escribir la lista, una palabra encima de otra, como quien ve el vaso medio vacío y tiene miedo de que se acabe, de que se termine lo que parecía inagotable, como agua o sangre. Cuando contó cerca de sesenta palabras paró, miró su obra y dijo: no, de a uno, no. Los problemas vienen todos juntos... y se mezclan de a poco.
viernes, 14 de febrero de 2025
Anillos
Por su duración en el tiempo humano y por su naturaleza vegetal, árboles y libros comparten una virtud que deja marcas: la de reinventarse cada vez que su savia emerge de lo profundo.
Los árboles tienen un ritmo moroso, previsible, pero los libros dependen de unas manos curiosas, en mi caso, más inquietas por lo literario que por el pensamiento ordenado.
De todas las lecturas posibles, mis manos eligen algunos libros que me hacen leer aferrado a un estilo o marca de autoría, un recorrido que es más una búsqueda de los cambios sutiles que de una identidad previa a confirmar. Leer Cortázar, Rossi o Rushdie no encandila o ciega ningún ego: sólo quien escribe para cumplir un contrato o para regodearse en un único juego de palabras podría vestirse de etiqueta personal con las palabras comunes.
Terminar una de esas lecturas de autor es como recibir el sello de un anillo: volver a ver un índice o una solapa, perder la inocencia de la lectura andante, cerrarlo de raíz por unos días. Una lectura, un año vegetal.
Este ritual de marcado no se parece en nada al de leer en serie, un empaquetado, literatura uniforme de container. Ahí la figura geométrica es como la huella de los rayos ultravioleta sobre el ejemplar de vidriera, un efecto de sobreexposición. Lo mismo les pasa a esas plantas que crecen y crecen narcotizadas hasta que un calor las achicharra y ya es difícil que se recuperen en una temporada: así se genera una expectativa engañosa que la lectura no acompaña.
Quizás por eso, terminamos de leer aquellos libros de autor como si volviéramos de un viaje y nos recibiera abrazándonos, de a ratos, fuerte, hasta dibujar su propia huella, como un árbol nativo dibuja un anillo, un compañero de nuestra piel.
Los árboles tienen un ritmo moroso, previsible, pero los libros dependen de unas manos curiosas, en mi caso, más inquietas por lo literario que por el pensamiento ordenado.
De todas las lecturas posibles, mis manos eligen algunos libros que me hacen leer aferrado a un estilo o marca de autoría, un recorrido que es más una búsqueda de los cambios sutiles que de una identidad previa a confirmar. Leer Cortázar, Rossi o Rushdie no encandila o ciega ningún ego: sólo quien escribe para cumplir un contrato o para regodearse en un único juego de palabras podría vestirse de etiqueta personal con las palabras comunes.
Terminar una de esas lecturas de autor es como recibir el sello de un anillo: volver a ver un índice o una solapa, perder la inocencia de la lectura andante, cerrarlo de raíz por unos días. Una lectura, un año vegetal.
Este ritual de marcado no se parece en nada al de leer en serie, un empaquetado, literatura uniforme de container. Ahí la figura geométrica es como la huella de los rayos ultravioleta sobre el ejemplar de vidriera, un efecto de sobreexposición. Lo mismo les pasa a esas plantas que crecen y crecen narcotizadas hasta que un calor las achicharra y ya es difícil que se recuperen en una temporada: así se genera una expectativa engañosa que la lectura no acompaña.
Quizás por eso, terminamos de leer aquellos libros de autor como si volviéramos de un viaje y nos recibiera abrazándonos, de a ratos, fuerte, hasta dibujar su propia huella, como un árbol nativo dibuja un anillo, un compañero de nuestra piel.
lunes, 27 de enero de 2025
Muda
Quien dice “mudada” dice “muda”. Cuando una biblioteca se mueve entera, como esta que me toca mudar, las piezas se desarman y se reacomodan hasta volver a decir algo. Por momentos parece que recuerdo su orden original, la sucesión de cientos de datos que es imposible de filmar o registrar en fotos. Pero finalmente ni el sumo cuidado ni la lista ordenada vuelven a poner en su lugar los libros de yoga y alimentación saludable, o la narrativa norteamericana del siglo XX junto con los manuales de Minke, o la espiga del maíz andino con el poema de Orozco.
Estrictamente, no hay algo que se pierda, se oculte o deje de hablar a su manera. Pero hasta que la nueva posición de la luz en los cantos o la relación entre mesa, piso, ventana no tomen dimensiones propias, la biblioteca parece muda.
No ignoro que hay bibliotecas cajoneadas, inundadas, bombardeadas que se “deben” mudar para resistir el odio ajeno. Recuerdo una que tardó mucho en volver a hablar después de una invasión de ratones de municipalidad. Todas ellas aprenden poco a poco una lengua distinta, llena de imágenes frescas, para mostrar una memoria ignorada a gentes nuevas o cambiadas.
Pero aunque el caso sea distinto, una biblioteca recién mudada como la mía, capaz necesite unos días puertas adentro para recuperarse, como los gatos en casa nueva. Así, aunque no suene como un hilo que se frota entre las hojas o un pincel que encola las piezas, el rasguido de los dedos entre las páginas de a poco volverá a erizar los estantes vencidos como una señal del aullido que vendrá.
martes, 12 de noviembre de 2024
Manto de sonidos
Si el frío invernal nos trae la memoria del silencio y la quietud, entonces la nevada nos transporta a la memoria de los primeros sonidos.
Hubo inquietud entre los pájaros en la mañana previa: preparaban las alas, limpiaban sus vuelos, rodeaban sus nidos. Unas loras cruzaron con el último grito entre las enredaderas sobrevivientes hasta que llegó la nieve y selló el suelo como manto de ceniza blanca.El tiempo de la mañana siguiente fue de los rayos que queman el aire, de las botas que hacen crujir los pasos de alguien que iba a trabajar. Así llegó la hora de las tazas calientes para peques que no irían a la escuela. La mañana trajo el recuerdo de otras formas de aprender: el cuerpo como en el primer nido de la sorpresa, el llanto calmo después del estallido inicial del mundo.
Ph dentro de la Ph: la Dami
sábado, 9 de noviembre de 2024
A la orilla
El agua corre mansa pero corre (la arena cuida su paso). Se mueve permanentemente pero alcanza para ocultar lo que decanta y separarlo de lo que se ve.
La raíz de mi cuerpo, que es árbol en la orilla del sueño, se afirma en la tierra como en una cama, panza arriba, orqueta abierta. Mi pecho divide el aire para llevarlo mejor a esa mano que cuelga o a una pierna que se dobla hacia el cielo... y después baja.
La mano juega con los dedos separados a ser arena que frena el agua. A veces la mano se cierra y sorprende a las hojas o ramitas que se demoran, se sostienen o se impulsan (tan sólo por unos segundos), que se debaten entre su propósito y la urgencia implacable de un plan de escape.
Sólo el sonido que saca la mano justifica el freno del agua, mientras dure la vigilia. En sueños, todo dique es un ensayo que naufraga en la orilla opuesta.
La raíz de mi cuerpo, que es árbol en la orilla del sueño, se afirma en la tierra como en una cama, panza arriba, orqueta abierta. Mi pecho divide el aire para llevarlo mejor a esa mano que cuelga o a una pierna que se dobla hacia el cielo... y después baja.
La mano juega con los dedos separados a ser arena que frena el agua. A veces la mano se cierra y sorprende a las hojas o ramitas que se demoran, se sostienen o se impulsan (tan sólo por unos segundos), que se debaten entre su propósito y la urgencia implacable de un plan de escape.
Sólo el sonido que saca la mano justifica el freno del agua, mientras dure la vigilia. En sueños, todo dique es un ensayo que naufraga en la orilla opuesta.
miércoles, 4 de septiembre de 2024
El vaso posa
Si temblara el suelo ya no habría filtro para mantenerlo fijo, callado. Posa porque contiene. Posa porque cuida. Si se lo mira es con deseo de ser cuidado. Si se lo mide es para que no se termine, para que no se corte la sed después que el líquido que la contiene (el deseo puede sublimarse en el acto de hablar). Como en un ruego.
Los vasos posan como tótems o como estatuillas en una dimensión luminosa que desconocen las tazas o jarros, ídolos menores, simples piezas de vajilla.
Sin embargo, hay vasos que se niegan a ser adorados. Son oscuros y desconfiados como centinelas de un rey cuya crueldad desconocen aún, pero sospechan.
Este vaso que miro en la noche tiene un don esquivo. Conduce un reflejo que, como un filtro, devuelve una versión de mi imagen donde me veo devoto, aunque profano. Espejo informante que me ve atrapado entre el Caos y la Duda que a cualquier tótem le garantiza su gobierno sobre el tiempo y los temblores de los hombres.
Ese mismo vaso, sin embargo, cuando me muevo transforma el reflejo en espuma. Vidrio cristalino que sólo demora unos segundos en permitir una visión: la refracción de lo que se amasa en el fondo.
Los cambios en cuerpo, peso, nitidez son las señales del derrumbe de todo imperio. Cuando la tierra abra su grieta sobre las ofrendas, los dioses ya no estarán solos.
miércoles, 3 de julio de 2024
No soy
No soy de los que rápidamente luchan hasta la victoria, de los que dan el cuerpo sin quebrarse enteros.
Prefiero el trabajo de la lengua: una gota insistente y cotidiana, lenta y precisa, partiendo la piedra.
Lo prefiero, pero ni siquiera planifico cuándo o cómo cosechar el fruto de ese trabajo. Tampoco lo hago con una mueca, o con rencor, como quien recibe la justicia inesperada después de la tormenta (apenas si convivo con abusos laborales, entredichos de pueblo, fatiga en los trámites).
Mi trabajo empieza cuando la gota es desviada por un dedo que quiere señalar más alto. Ahí, ya quisiera llegar hasta el oído de las gentes. Recién ahí, podría contener las palabras en un cauce hondo. Por fin ahí, remuevo el agua con una mano inquieta. La revuelvo y agito hasta lograr que un remolino se trague el dedo del necio con sus prácticas de trono.
No soy de los que rápidamente escapan del remolino aunque falle.
miércoles, 15 de mayo de 2024
CalenDario
Si un Diario personal reflejara todo, sería un CalenDario. Por eso estas hojas no guardan los favoritos de una vida, o la conciencia plena (esa voracidad por el presente), sino algunos instantes luminosos, apenas un gesto agónico o un simple pelo que cae entre las letras.
Aunque casuales, esos pelos que caen son míos, porque es Diario personal alejado de más gente, ajeno a posibles mascotas o vientos de agosto.
Son canas que no caen de lleno, como renglones muertos, ni resbalan como peces airosos. Son canas enruladas que surcan el aire y se agarran de las cosas como abrojos o como pelusas que saltan de golpe, sacudidas por una brisa que las obliga a hacer piruetas para aterrizar.
Así vuelan mis canas heredadas de árbol familiar. Aunque traman lazos, las noto capaces de caer planeando como estrellas fugaces, a punto de extinguirse entre la algarabía de toda mudanza y la promesa de cada deseo a cumplir.
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Ph:NS
Aunque casuales, esos pelos que caen son míos, porque es Diario personal alejado de más gente, ajeno a posibles mascotas o vientos de agosto.
Son canas que no caen de lleno, como renglones muertos, ni resbalan como peces airosos. Son canas enruladas que surcan el aire y se agarran de las cosas como abrojos o como pelusas que saltan de golpe, sacudidas por una brisa que las obliga a hacer piruetas para aterrizar.
Así vuelan mis canas heredadas de árbol familiar. Aunque traman lazos, las noto capaces de caer planeando como estrellas fugaces, a punto de extinguirse entre la algarabía de toda mudanza y la promesa de cada deseo a cumplir.
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Ph:NS
martes, 12 de marzo de 2024
Heridas
A veces la herida no deja huella visible. Su origen parece sellado entre el tiempo y los buenos deseos. Pareciera que donde hubo ardor, ni cenizas quedaron. Pero otras veces la herida se esconde bajo la piel.
Entonces creemos que cantamos pero raspamos el aire. Sentimos que dormir es medir dos vigilias.
Un día la casa amanece sin puertas y percibimos, desnudos, que lo que vemos es una forma de la luz en la piel y que la piel es ahora un mapa arrugado que soplamos y alisamos para que muestre sus pliegues.
Pero en esos fuelles de la piel, en el mensaje de sus pliegues, hay sustancias que supuran su fiebre, ardor que paraliza.
Si la luz tenue, que primero ignoraba nuestra cara, ahora crece y encandila, los ojos ya no soportan la gravedad del pánico.
Sólo una llama leve que considere a cada tajo por su nombre abrirá un camino entre el ruido de los días y el rumor de las muertes. A veces la piel tiene que renovar sus sellos desteñidos o borrarlos.
viernes, 9 de febrero de 2024
Cura de palabra
¿Sueño liviano? ¿Huesos tirantes? ¿Qué te duele más, papá? "Te quiero mucho" era un ensalmo para los males en la infancia.
Estoy perdido en el monte de mi adultez cuando recuerdo esa frase que era familiar en casa, que era casa en la noche del llano. Mientras escribo, un pájaro es atrapado entre las garras de su depredador en la luna llena. Predador y presa se enfrentan dignos: hay presencia, deseos cruzados, necesidades distintas, todos atributos del amor. Los miro y yo también soy ese gato que retiene a la presa unos segundos, el que bebe el aliento de su alma. Yo también soy esa presa que pelea con aleteos y ensalmos para no ser devorada sin luchar. Mis deseos son otros, tus necesidades también. Pero como el jabón que engrasa y hace un cebo con los restos del día, soy estas palabras que a veces necesitamos para renovar el ritual de cura: "te quiero mucho, papá".
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