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martes, 27 de enero de 2026

"No reconoce patrón" de Elena Berruti



Me traje de la Feria Fuego de Río Cuarto el ejemplar 50/50 de “No reconoce patrón”. Este cuarto poemario individual de Elena Berruti me remueve lugares afectivos con ella-docente, aunque a ella-poeta y ella-militante la vengo siguiendo por lo menos en redes, cuando no nos volvemos a encontrar en el abrazo.
En el mito personal que me había armado, pasé unos cinco años sin escritura literaria en respuesta a la frase que escuchaba en los primeros años de estudios universitarios: “acá no se enseña a escribir”. Yo la usaba, ahora lo veo claramente, para cumplir un mandato familiar de estudio ideal, cumplidor, abrepuertas. Pero además, la obedecía como si la frase sólo significara que escribir ficción es el fruto de una enseñanza directa, una actividad que se completa de manera solitaria y encendida o una contradicción con el estudio profesional.
En esos años, ella-docente era parte de una imagen de la que no participaba: “las chicas de Letras” o las hijas de no-su-madre-del-todo. El mito de mi fragmentación que hoy no vivo (hombre académico, activista urgente, joven escritor) me obligaba a elegir un sólo foco, cumpliendo las expectativas sociales y familiares.
Aunque alejado de la Uni y más cerca de la escritura con otres, reconozco aquello que Elena hace territorio-escritura-cuerpa-dicente. Como en el poema de la foto, una mirada diferente, sin patrón pero activa, arma otra trama posible de nuestros vínculos y del vínculo con la uni pública: escribir ficción no es tan distinto de hacer escritura lírica, académica o política. Quien “cree que escribe sola” (para alguien, por tanto, para cuándo), mal se lleva con los hilos sensibles que tejen les nadies.



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