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viernes, 5 de junio de 2026

Diarios de invierno. Ya no soy joven


Ya no soy joven. Las ansiedades por escapar del horror a una vida vacía y quieta, artificiosamente quieta, cómoda y cubierta, ya no se parecen a lo que hasta ahora conocía. Antes la furia arrasaba con la quietud y me ponía en escena. Capaz caía en la ilusión de no necesitar energías más conscientes, o la de escapar con rebeldía frente al rigor de una sociedad pechante y temblorosa.

Ahora el espejismo se diluye un poco más cada noche. El fuego vital es un bien escaso, es bien poco lo que alumbra por sí mismo cuando no hay refracción o nido, cuando no hay reparo en la casa solitaria.

No soy joven, pero la acción continúa. Apenas unas luces sincronizadas me guían con su pulso, entre los carriles del karma y la manifestación del camino.

No soy joven, pero puedo anticipar algunos escenarios que tendré que habitar. Los cambios llegan y se gestan como el té o el mate. Se inician, sin apuro y sin pausa, en momentos especiales de cotidianeidad. De a poco extienden su mancha hasta ocupar el espacio de una casa o de un abrazo. Es como si al llegar a enfriarse su impacto vital, la memoria del agua cristalina que les dio vida, se apagara en una luz tenue. Lo que se movió entonces, ya se descubre en cuerpo propio.