lunes, 27 de enero de 2025
Muda
Quien dice “mudada” dice “muda”. Cuando una biblioteca se mueve entera, como esta que me toca mudar, las piezas se desarman y se reacomodan hasta volver a decir algo. Por momentos parece que recuerdo su orden original, la sucesión de cientos de datos que es imposible de filmar o registrar en fotos. Pero finalmente ni el sumo cuidado ni la lista ordenada vuelven a poner en su lugar los libros de yoga y alimentación saludable, o la narrativa norteamericana del siglo XX junto con los manuales de Minke, o la espiga del maíz andino con el poema de Orozco.
Estrictamente, no hay algo que se pierda, se oculte o deje de hablar a su manera. Pero hasta que la nueva posición de la luz en los cantos o la relación entre mesa, piso, ventana no tomen dimensiones propias, la biblioteca parece muda.
No ignoro que hay bibliotecas cajoneadas, inundadas, bombardeadas que se “deben” mudar para resistir el odio ajeno. Recuerdo una que tardó mucho en volver a hablar después de una invasión de ratones de municipalidad. Todas ellas aprenden poco a poco una lengua distinta, llena de imágenes frescas, para mostrar una memoria ignorada a gentes nuevas o cambiadas.
Pero aunque el caso sea distinto, una biblioteca recién mudada como la mía, capaz necesite unos días puertas adentro para recuperarse, como los gatos en casa nueva. Así, aunque no suene como un hilo que se frota entre las hojas o un pincel que encola las piezas, el rasguido de los dedos entre las páginas de a poco volverá a erizar los estantes vencidos como una señal del aullido que vendrá.
martes, 12 de noviembre de 2024
Manto de sonidos
Si el frío invernal nos trae la memoria del silencio y la quietud, entonces la nevada nos transporta a la memoria de los primeros sonidos.
Hubo inquietud entre los pájaros en la mañana previa: preparaban las alas, limpiaban sus vuelos, rodeaban sus nidos. Unas loras cruzaron con el último grito entre las enredaderas sobrevivientes hasta que llegó la nieve y selló el suelo como manto de ceniza blanca.El tiempo de la mañana siguiente fue de los rayos que queman el aire, de las botas que hacen crujir los pasos de alguien que iba a trabajar. Así llegó la hora de las tazas calientes para peques que no irían a la escuela. La mañana trajo el recuerdo de otras formas de aprender: el cuerpo como en el primer nido de la sorpresa, el llanto calmo después del estallido inicial del mundo.
sábado, 9 de noviembre de 2024
A la orilla
La raíz de mi cuerpo, que es árbol en la orilla del sueño, se afirma en la tierra como en una cama, panza arriba, orqueta abierta. Mi pecho divide el aire para llevarlo mejor a esa mano que cuelga o a una pierna que se dobla hacia el cielo... y después baja.
La mano juega con los dedos separados a ser arena que frena el agua. A veces la mano se cierra y sorprende a las hojas o ramitas que se demoran, se sostienen o se impulsan (tan sólo por unos segundos), que se debaten entre su propósito y la urgencia implacable de un plan de escape.
Sólo el sonido que saca la mano justifica el freno del agua, mientras dure la vigilia. En sueños, todo dique es un ensayo que naufraga en la orilla opuesta.
miércoles, 4 de septiembre de 2024
El vaso posa
Si temblara el suelo ya no habría filtro para mantenerlo fijo, callado. Posa porque contiene. Posa porque cuida. Si se lo mira es con deseo de ser cuidado. Si se lo mide es para que no se termine, para que no se corte la sed después que el líquido que la contiene (el deseo puede sublimarse en el acto de hablar). Como en un ruego.
Los vasos posan como tótems o como estatuillas en una dimensión luminosa que desconocen las tazas o jarros, ídolos menores, simples piezas de vajilla.
Sin embargo, hay vasos que se niegan a ser adorados. Son oscuros y desconfiados como centinelas de un rey cuya crueldad desconocen aún, pero sospechan.
Este vaso que miro en la noche tiene un don esquivo. Conduce un reflejo que, como un filtro, devuelve una versión de mi imagen donde me veo devoto, aunque profano. Espejo informante que me ve atrapado entre el Caos y la Duda que a cualquier tótem le garantiza su gobierno sobre el tiempo y los temblores de los hombres.
Ese mismo vaso, sin embargo, cuando me muevo transforma el reflejo en espuma. Vidrio cristalino que sólo demora unos segundos en permitir una visión: la refracción de lo que se amasa en el fondo.
Los cambios en cuerpo, peso, nitidez son las señales del derrumbe de todo imperio. Cuando la tierra abra su grieta sobre las ofrendas, los dioses ya no estarán solos.
miércoles, 3 de julio de 2024
No soy
No soy de los que rápidamente luchan hasta la victoria, de los que dan el cuerpo sin quebrarse enteros.
Prefiero el trabajo de la lengua: una gota insistente y cotidiana, lenta y precisa, partiendo la piedra.
Lo prefiero, pero ni siquiera planifico cuándo o cómo cosechar el fruto de ese trabajo. Tampoco lo hago con una mueca, o con rencor, como quien recibe la justicia inesperada después de la tormenta (apenas si convivo con abusos laborales, entredichos de pueblo, fatiga en los trámites).
Mi trabajo empieza cuando la gota es desviada por un dedo que quiere señalar más alto. Ahí, ya quisiera llegar hasta el oído de las gentes. Recién ahí, podría contener las palabras en un cauce hondo. Por fin ahí, remuevo el agua con una mano inquieta. La revuelvo y agito hasta lograr que un remolino se trague el dedo del necio con sus prácticas de trono.
No soy de los que rápidamente escapan del remolino aunque falle.
miércoles, 15 de mayo de 2024
CalenDario
Aunque casuales, esos pelos que caen son míos, porque es Diario personal alejado de más gente, ajeno a posibles mascotas o vientos de agosto.
Son canas que no caen de lleno, como renglones muertos, ni resbalan como peces airosos. Son canas enruladas que surcan el aire y se agarran de las cosas como abrojos o como pelusas que saltan de golpe, sacudidas por una brisa que las obliga a hacer piruetas para aterrizar.
Así vuelan mis canas heredadas de árbol familiar. Aunque traman lazos, las noto capaces de caer planeando como estrellas fugaces, a punto de extinguirse entre la algarabía de toda mudanza y la promesa de cada deseo a cumplir.
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Ph:NS
martes, 12 de marzo de 2024
Heridas
A veces la herida no deja huella visible. Su origen parece sellado entre el tiempo y los buenos deseos. Pareciera que donde hubo ardor, ni cenizas quedaron. Pero otras veces la herida se esconde bajo la piel.
Entonces creemos que cantamos pero raspamos el aire. Sentimos que dormir es medir dos vigilias.
Un día la casa amanece sin puertas y percibimos, desnudos, que lo que vemos es una forma de la luz en la piel y que la piel es ahora un mapa arrugado que soplamos y alisamos para que muestre sus pliegues.
Pero en esos fuelles de la piel, en el mensaje de sus pliegues, hay sustancias que supuran su fiebre, ardor que paraliza.
Si la luz tenue, que primero ignoraba nuestra cara, ahora crece y encandila, los ojos ya no soportan la gravedad del pánico.
Sólo una llama leve que considere a cada tajo por su nombre abrirá un camino entre el ruido de los días y el rumor de las muertes. A veces la piel tiene que renovar sus sellos desteñidos o borrarlos.
viernes, 9 de febrero de 2024
Cura de palabra
¿Sueño liviano? ¿Huesos tirantes? ¿Qué te duele más, papá? "Te quiero mucho" era un ensalmo para los males en la infancia.
Estoy perdido en el monte de mi adultez cuando recuerdo esa frase que era familiar en casa, que era casa en la noche del llano. Mientras escribo, un pájaro es atrapado entre las garras de su depredador en la luna llena. Predador y presa se enfrentan dignos: hay presencia, deseos cruzados, necesidades distintas, todos atributos del amor. Los miro y yo también soy ese gato que retiene a la presa unos segundos, el que bebe el aliento de su alma. Yo también soy esa presa que pelea con aleteos y ensalmos para no ser devorada sin luchar. Mis deseos son otros, tus necesidades también. Pero como el jabón que engrasa y hace un cebo con los restos del día, soy estas palabras que a veces necesitamos para renovar el ritual de cura: "te quiero mucho, papá".
sábado, 15 de abril de 2023
Ha muerto un vivo
A Cristino Bogano y a las lápidas que limpiamos
Lucas Cedriani ha muerto con su techo de árboles bajos, con su sonrisa de guardián relajado. Ha muerto su hueco en
la almohada acomodada al cuello, su plato único en el secador surcado de sarro.
Ha muerto su baile de espalda firme, su vaivén de gnomo sobre el prado de los
zorros. También han muerto sus sesentas masticadas antes de tragar y su eructo
evaporado por fosas nasales. Han muerto su tendencia a la realidad en lo
biográfico y su vómito de realidad reunida en redes. Muertas su mirada miope y
todo lo que ignora, sus anteojeras de mirar sólo lo que conoce y cada uno de
sus ojos secos en pantallas y puntadas.
Él ha muerto porque vengo yo a
mirarlo de frente, porque le digo mirá de qué te sirve, mirá qué importancia
tiene que el sentido final, que algo tan vivo como tu lengua o tu abrazo, que algo
tan fresco como tu mapa en las calles o tus paseos infantiles por el cementerio, que lo que hiciste
como un cobarde o lo que callaste con orgullosa medalla sea de un significado
tan amplio como asfixiante. Qué razón tenés para justificarte cuando ni
siquiera lo que parece maduro, o lo que vale penar o lo que arde y no se puede
negar, hace tierra con el dolor de los aplausos en la bajada del cajón a nicho.
Y para asombrarte qué habrá, le digo, cuando ni siquiera tu gente sonríe con ironía fina al tapar, al hacer tierra el furor con que gozaba de esas curiosidades que uno sabía y otro
no contó, que una callaba para no molestar a la que no quería escuchar. Mirá
bien que no incomoda a nadie que esas acciones secretas o sentires
racionados te pinten entero compartiendo los fragmentos que tanto repartiste,
un poco acá y otro poco allá, como si planificaras los cortes de un rompecabezas
que en éste, tu velorio armado, provocarían la conmoción del epitafio bien
tallado.
Lucas Cedriani ha muerto para que la gravedad de sus últimas palabras en un cuaderno sin fechas ni números de vencimiento, se pierda entre papeles que alguien edita como ordenados por un sentido cuya emoción se fugará en imágenes para artistas plásticos o resonancias de etiqueta y homenajes en voz alta y micrófono de baja potencia.
Yo digo qué será de ese cuerpo que dejo, de esa energía contenida que ya respiraba profundo en el cansancio y agitado en el sueño como si buscara aire, encerrado en su crisálida, como si
viajara a la semilla que busca crecer entre algodones y espinas, entre líneas cobrizas
que se alzan en el amanecer como faros remotos.
Ha muerto porque nunca lo vi
vivir como el que espera aplausos en la mesa de luz o estallidos al aire que lo
encuentren perdido y, así, sin querer quiere, sin luchar lucha y sin
morir habrá muerto cuando despierte menos vivo.
miércoles, 15 de marzo de 2023
Feria del Libro en Mina Clavero
El 15 de junio de 2023 se viene la 2da Feria del Libro en el Instituto Superior Dr. Carlos María Carena de Mina Clavero, Córdoba.
En 2022, realizamos la Feria para conocer nuevas prácticas de escritura y lectura en el territorio de Córdoba. Presentaciones de Libros, conversatorios, proyección de audiovisuales, intercambio de libros y fanzines, merienda y lecturas en vivo serán algunos de los ingredientes de esta nueva edición.
Para ver más sobre la primera edición podés consultar el informe en:
jueves, 9 de marzo de 2023
Nuevo Taller
Soy un cuaderno
Taller de lectura y escritura de autoficciones
*Descripción general
Este es un taller que busca explorar un campo de
posibilidades en prácticas de lectura y escritura contemporáneas que tensionan
lo real desde ficciones. En 4 encuentros, el juego y la transgresión de la
escritura se alimentan de la lectura de materiales que están incluidos en la
propuesta.
*Características
Cuatro encuentros. Inicia 16/3 a las 19 hs
Valor del taller: 6000
Inscripción: 1162004902/1132595232
Librería Los preferidos de la Vida Frente a la terminal de
Villa de Las Rosas, paseo del Aljibe, local 3
*Composición
En el borde entre memoria, documento e inventiva las
escrituras del yo sobrepasan los límites modernos de la identidad.
Los cuadernos/notas dan valor a vidas mínimas donde la
subjetividad busca un entramado narrativo para dar cuenta de la propia vida, o
de los restos de ella.
La búsqueda de una voz apropiada entre las palabras comunes
puede ser un acto para desobedecer/rebelarse frente a un sistema estanco de
géneros, a las prácticas de naturalización de desigualdades sociales, a la
didactización de la literatura como exposición decorada de lo correcto.
*Modos de uso (encuentros posibles):
☆La escritura generosa: nombre propio y apropiado.
☆La inutilidad como viaje: Camila Sosa Villada.
☆"No hagan caso": escribir entre lenguajes según
Luisa Valenzuela
☆Soy un cuaderno: del recuerdo al entramado narrativo en
Zambra.
*Fabricantes
Lucas Cedriani y Librería Los preferidos de la vida
martes, 10 de enero de 2023
El cuerpo obrero. Manos
Renuncié al corazón de la palabra: ya no tomo de sus archivos metáforas sin suelo, ya no elevo con sus ansias batientes la voz firme del acto verbal.
Cuando
crecía imaginaba que el tono justo de mi grito bien empuñado era un avance para
todos, aunque las masas a cambio renunciaran al verbo, decía.
Entonces
creía que liberaba una jaula de pájaros en la niebla pero caía en mis ecos:
respiraba profundo para no ahogarme y terminaba navegando ciego. Olvidaba en mi
sordera que el inconsciente también es político.
Ya
que en cualquier “nosotros” me enredaba hablaría con las manos: en cada dedo un
verso, en la palma abierta un camino, una flor para mis muertes en cada lavado.
Por
fin así, en la renuncia y el devenir de cada gesto, logré encontrarme
disponible, mano a mano en una lengua a mediavoz.
viernes, 7 de octubre de 2022
La oveja Selma
A Pablo le había inquietado la historia de "Selma", de Jutta Bauer, como a muches de nosotres.
-Yo sacaría el marco pedagógico de la pregunta al viejo
sabio - le aclaré - para quedarme con la historia de la oveja.
La lección era transparente, eso es lo que acordamos. Selma
come pasto, enseña a los niños, hace ejercicio, come más, habla con vecina, duerme.
Cuando le preguntan qué haría con plata ella contesta: comer, enseñar, etc.
A Pablo le conmovía la potencia de la libertad del que sabe
sencillamente vivir como le pide su lugar, dándole a su entorno un valor ético.
Pero además creo que le apasionaba la firmeza del pulso comunitario ante la
invasión del que piensa distinto: como si Selma le mostrara al entrevistador
que la felicidad para algunas puede consistir en no forzar la mirada sobre un
futuro que se pulveriza.
Ahora me pregunto: ¿con qué fin se lanzaría la flecha de la
historia hacia un blanco que se sabe movedizo e ilusorio?
La oveja Selma como visión desde una vereda tomada, lección
para intelectualismos ciegos, podría decir Pablo.
viernes, 30 de septiembre de 2022
La escalera de madera
Rumeo como vaca siamesa lo que Pablo me comenta sobre "Stoner" de John Williams. Le doy mil vueltas a ese libro de bolsillo hasta sacarle pelusa.
Hay una austeridad de recursos, una compañía empática pero
informada entre quien narra y el personaje que es, a primera vista, tímida
herencia del iceberg de Hemingway: parece que una historia mínima aflora para
ocultar lo que la sostiene a flote. La voz que toma el mando sobre la historia
de Stoner no da lugar a conjeturas sobre las explicaciones/raíces de los
sinsabores del protagonista: la historia oculta o subterránea es la literatura
misma, su enigmático poder liberador para algunas vidas y lecturas.
Eso le digo a Pablo, como explicación subacuática: la
historia sumergida, que se escucha distorsionada brotando desde el abismo,
pronuncia la palabra "clásico", un rumor de fondo, diría Calvino, un
rumor que persiste a pesar del ruido.
Cuando termino de deshilvanar mi ruido mental y callo, Pablo
está a mi lado, mirando al frente y dice que le importa lo que digo (me inflamo
de orgullo docente), pero que la forma de esa novela también le hace acordar a
él mismo como padre de un hijo, como conciencia de lo indecible de su silencio.
"Como este escalón", insiste, "que compone con dureza la imagen
de un acceso al hogar. ¡Y es la misma madera que espera agazapada su momento
para mezclarse otra vez con la tierra!".
domingo, 18 de septiembre de 2022
Poema de la antología "Crisol de letras 2"
Lógica
No hay un juicio final.
Somos testigos de nuestro propio desbande:
ahora el pan ha aumentado
y no se consigue la sal de las señales
en las librerías de turno.
Ni hay válvulas de escape.
Somos polvo en cruce de espejos,
en caleidoscopio que una mano gira:
cuando la mano duda nos afirmamos
en nuestra propia sombra.
Por lo tanto hay esperanzas.
De pronto, recuperamos aliento:
soñamos que somos una partícula
de nuestra misma lógica final,
girando la mano que gira la lente.












